miércoles, 23 de noviembre de 2011

Cada paso.

Cada mañana me levanto frustrada. Bajo, compro algo en el mercado, que me encanta, pero que por mucho que quiera, nunca estaré a la altura de esas señoras que van desde hace 30 años a la misma carnicería. Dicen esa frase que yo siempre quise decir: lo de siempre y parlotean con el vendedor sobre la familia. Aún así, me llena ir al mercado cada día.
Bueno, a veces. Los días en los que el bullicio me asombra y me empapa. Observo a la gente y me cuestiono sus vidas. Quien serán, donde viven, han amado, si traicionarían a un amigo o ya lo han hecho. Por qué eligieron un café y no otro.
Vuelvo a casa y enciendo esa radio que me compré hace poco en vez de un iTouch (qué raro). A todo volumen. Cocino. Deseo que me de tiempo a fumar, pero como siempre voy tarde.

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