domingo, 2 de junio de 2013

Tapa de mujer

Encuadrado en malva el torso de una mujer se perfila. La boca entreabierta delicada susurra en silencio. Espera ser besada, o a ser callada por un beso. Su cuello estilizado conduce hasta un escote bien formado. Acércate a oler su piel, es tan fina que huele a sol de mañana. Es tan suave que un escalofrío adictivo recorre la espina dorsal de cualquiera que se atreva a hacerlo. Cierra los ojos para sentirla, tócala sin las manos. ¿No es electrizante la frescura de los poros de su piel? ¿No es inquietante su confianza sobre el universo de los cuatro ángulos?
Una arandela embellece su nariz, finas olas del Mediterráneo sus pequeñas orejas. Las clavículas la feminizan para hacerla seductora de las mentes sedientas de sensaciones. Probar. ¿Cómo sabe su nariz? ¿Cómo sabe su boca? ¿Cómo sabe su cuello? ¿Sus pechos? ¿Sus manos? Agrio, fresa, dulce, seco y café. Huele a mariposa.

Podría ser cualquier mujer, podrían ser cualquiera los ojos que pongan alma a este cuerpo. Por eso el misterio codifica la escena. Obtenemos su esencia de piel joven e inmortal, de piel tersa como un guante de fibra sintética. Rellenemos un pequeño frasquito de perfume sin etiqueta. Es ahí donde reside la elegancia de polvo de estrella. Ábrelo cuando tú quieras. Es ahí donde reside el misterio que enloquece a las mentes. ¿Qué hay más allá de tal enfoque? ¿Qué esconden unas manos? ¿Qué esconde lo que no ves?

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