jueves, 14 de noviembre de 2013

¡Eh! ¡Párate!

A la intemperie, se convierte en una perla brillante y frágil, perfecta, vulnerable e inocente. Se queda sola y desnuda para siempre, colgada del viento o de una red. No es fácil ni entenderla ni apreciarla porque la mayoría de las veces sale cuando menos te lo esperas y en los momentos menos apropiados, cuando nadie está dispuesto a escucharla. Sale entre lágrimas, entre torpezas, entre decepciones y se convierte en una voz que no calla.
Pero hay veces que el éxtasis de la felicidad la encuentra sola, caminando con las manos en los bolsillos mientras silva alguna sonata de esas rápidas que solíamos practicar en las oscuras clases de la escuela de música. ¡Inspiración! Entonces, a lo mejor se para, y se da la vuelta y te guiña un ojo. O quizás tan sólo siga caminando tan a gusto como siempre. Su presencia es algo más que gustoso, es algo más que entrañable, que nostálgico-mágico-loco, es algo más que un estado de la presencia. Es algo tan, que no tiene ni. Cómo explicar algo tan grande. Ninguna de las palabras que el ser humano ha inventado le harían justicia. Por eso hoy, sólo necesito convertir lo que mi inspiración crea en un tesoro. Un tesoro tangible que pueda enterrar en todos los lugares donde fui feliz para volver cuando sea vieja, fea, y haya perdido lo que quiera que esté buscando en este momento, y desenterrar ese mi. Para tocarlo y sentirlo. Y volver por última vez al lugar donde fui feliz. O quizás, no debiera tratar de volver.

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