No
hay peor sentimiento que la decepción, aunque para eso hay que bajarse
del taburete para verlo. Hay que ver más allá de las personas y en
ocasiones hasta inventar vidas paralelas que no existen pero que
esperas. Somos humanos y tendremos esperanza aunque siempre hasta sin
promesas. La decepción son expectations. Ese fue el [mi] problema.
Viví
en una torre durante no se cuanto tiempo. Esperé a que vinieras a
buscarme miles de veces, tiré mi trenza a ver si la veías, pero creo que
había un muro más grande, que cegaba ese mundo imaginario que debe
conectar y existir entre dos mentes. Intenté todo lo que estaba en mi
mano. O yo creía que estaba. Cambié todo lo que pude [y lo que sentía]
pero tú seguías sin ver nada. Supongo. Cambié yo y cambiaron mis ganas
de vivir. La frustración me ganaba un poco cada día. Y cada vez
estábamos más lejos de lo que buscaba. Mi meta me alejaba de mi
objetivo. El taburete, cada vez más alto, no ampliaba tu espectro de
visión si no que lo focalizaba en un sitio y dejabas de ver todo lo
demás. Supongo. Enamorarse no es perder. Y espero que algún día estés lo
bastante a gusto contigo fuera de gritos, de frases hechas y apologías
establecidas como para que no te importe entregarte y dejarte seducir en
cuerpo y alma. Para no fingir ser sabio, como otros hombres ya lo
fueron, ni siquiera plantearlo, porque eso llegará, si procede. Creo que
no me confundo cuando digo que estuve a punto de conseguir[te] que
estuvieses conmigo y junto a mí, pero no, no pude. Y es algo que siempre
llevaré y pesará sobre mis hombros. Yo quería quererte.
Todo
lo que vino después fue consecuencia de no haber parado a tiempo. No se
no fingir, no se no sentir cuando algo me ha llegado muy dentro. No es
que no me importes, no es que no recuerde muchas cosas o que te ignore,
sólo que en los instintos mi razón no funciona. Y en cierto modo, me
alegro. Significa que hice lo que sentía y que no me queda ni una sola
gota de tinta sobre la mesa. No me arrepiento de la irracionalidad de
mis actos sin sentido de grupo ni de valor humano.
Espero
que estés y seas feliz, de corazón. Y que el nuevo Madrid sea más sano
que el anterior. Yo siento que este es mi lugar y que todo aquí me
estaba, en cierto modo, esperando. Afortunadamente nadie me ata, y
desafortunadamente nadie me retiene en ningún lugar. He aprendido
mucho, no sé si para bien o para mal. Pero no volveré a entregar mi
corazón, sin antes tener mucho más que entregar como persona. Al final
la vida sólo trata de encontrarte a ti mismo mientras te escondes en las
excusas, qué paradójico, que nadie se da cuenta. Luchamos por la
libertad y ni siquiera es eso lo que queremos. Los hijos del comunismo
sienten el patriotismo americano como suyo y los americanos sueñan con
ser europeos. Buscamos el orden sin acordarnos que eso es lo que atrofia
el arte de vivir. Necesito desordenar todo, y ponerlo patas arriba,
para volverme a fijar de nuevo en los detalles que un día hicieron de
una cosa, algo maravilloso. El mundo no es tan grande como nos enseñaron
y la mala suerte un mito que no debemos creer. Que no nos engañen
[mucho].
Es
bonito recordar los veinte años en un ático de Madrid. Bonito como
nostálgico, romántico, bohemio y doloroso. Así es como fueron mis veinte
años, intensos en el cielo, como una estrella fugaz.
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