viernes, 1 de agosto de 2014

Mi soledad buscada

Parecía difícil llegar, de una manera utópicamente hablando, porque obviamente creía que todo saldría en ese 'bien' pormenorizado. En ese bien de aventuras de lo que algunas bocas se alimentan de anécdotas para contar en una cena de amigos. Y supongo que es pronto para hablar, pero es bien sabido que la queja es uno de los arranques al cambio. La utopia es la fuerza para caminar.
Pues bien, llegando al punto de un día, de repente, vivir contigo mismo, desayunar, comer, cenar, caminar, coger un autobús, un avión, ver una película, ir al cine, tomar café, fumar, y hasta reír y hablar; te das cuenta que todo era la ficción de quien puso la cámara delante. Que la imaginación vuela y consuela. En la línea que separa lo real de lo irreal, lo que existe de lo que no, está la mente humana, que se debate entre las dos, sin poder elegir. Y lo peor, es que no hay nada que consuele el desazón de esto, ni una casa verde, ni las vistas al Rio de la Plata.

Y todo esto es lo que venía pensando antes de asomarme a la ventana para decirle que ya estaba allí y guiñarle un ojo. Antes, de que nada más entrar me diera un porro y un beso, y me desnudara y me repitiera con decepción para qué me quería. Traté de explicarle todas mis idas y venidas, mis pseudo sentimientos en vano, mi falsa historia. Sólo quería follar, o coger, o como quiera que se diga. Estamos aquí para disfrutar, sin dejar de pensar que hay cosas que más que llenarte, te vacían. Te ahuecan el alma despiadadamente porque te recuerdan la frustración que produce cuando lo que podría ser maravilloso se ensucia, y se llena de mugre.
Parece que fue así como se creó la zanja o como se rompió el caparazón que recubre, intentando alargar un momento que no existe, una conversación, aunque fuese un balbuceo con la barrera idiomática del mismo idioma. Como banderas de papel higiénico enfundadas en una idea absurda e insana. Quiero que me veas, aunque pensándolo bien, no eres más que un niñato. Me siento como si mi inocencia ante el sexo se extrapolara a otro lado del mundo. Ya me prometí un día que yo hacía y haría lo que quisiese. Acaba rápido que me voy. Qué esta no es mi historia, ni la tuya, ni eres lo suficientemente bueno como para que me quede. Ni siquiera me preguntaste quien era. Ni siquiera entiendo porque estoy aquí si soy tan feliz con mi soledad buscada. Quedáte en un lugar si querés llegar a algo más que al interior de los cuerpos. ¿Y qué es lo que pasa si no sé hacer otra cosa?

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