Alguien dijo una vez que solo han de darse consejos si son
pedidos o en todo caso si de ello depende la vida. Aquí depende tu mente, tu
foso y tu vida. No tenemos la llave de la felicidad pero al menos hemos podido
conseguir un camino y un pasado sano que nos abre las puertas de un futuro
[incierto].
Nos enseñaron a casi todo menos a fracasar, mantenerse en
pie mientras todo se cae. La mediocridad inunda todas las rendijas de nuestras
vidas y es muy fácil vender tu alma a la rutina. Es cómodo no inventarse
escusas para ser feliz cuando tu espíritu esta muerto y cansado. Se dice que el
miedo tiene tres estadios, la huida, la lucha y la congelación. Tú te has petrificado
en un palacio de hielo. O mejor dicho, una jaula. Te has convertido en la princesa
caprichosa víctima de sus propios deseos, o de lo que ella creía que eran. Cuando
ha llegado el alud, sólo has tenido fuerza para taparte los ojos con las manos
esperando a que alguien viniera a salvarte.
Tomar decisiones en la vida, hacen que tú mismo tomes
propiedad de tu destino, y que encuentres tus soles y que apagues tus fuegos. Equivocarse
no es perder, nunca se pierde. Ser cobarde, ya lo has visto, que no vale la
pena. Nunca se malvive si se vive de otra manera, porque tú quieres.
Me pregunto cuándo empezó a crecer todo lo que hoy en día
puebla tu mente si hace meses o años. Me pregunto qué narices será eso. Y hasta
donde te odias a ti misma para alejar todo lo que de verdad importa de tu lado.
Si todo fue un camino tan recto y tan establecido que no dio tiempo a tener dudas.
Que nunca te dejaste hacer lo que de verdad querías, ni siquiera plantearlo. Y
de repente, te viste con la vida que no te atreviste a rechazar hace muchos
años. Te amoldaste a tu mentira por no desengañarte, desengañarles y
desengañarnos. Escogiste al mejor del acotado coto de caza y le otorgaste la
vida de la que no te sentías orgullosa para que la gestionase. Las cadenas
pesaban más que tú juventud, el amor se evaporaba. Bravo, por el precio tan
alto que pagaste: tu propia cabeza.
No comprendo cómo un día estuvimos tan cerca y ahora nos
separan miles de kilómetros. Como un día compartimos ilusiones y ahora sólo las
deshechas. Pero tienes miedo. Un miedo atroz que ya no se supera con un círculo
de amigos, ni de familia, ni de borracheras. No sé si te has dado cuenta que
nadie espera por nadie y que las oportunidades no son perdidas porque siempre
estarán para otros. Que nadie es imprescindible. Y que ninguno de nosotros sabe
vivir, que todo estamos improvisando.
El camino que tú quieras seguir te está esperando, a qué te
quites la venda y luego, las manos de tus ojos. Y entonces, camines recto o
curvo, pero camines tú y no el “compromiso” que te ata a tu supuesta vida que
han elegido por ti. Cuando estés harta de mirarte y de odiar a semejante cosa
tan estúpida que aún así es querida por semejantes cosas imbéciles que deben
ser aquellos seres que pase lo que pase, te quieren. Cuando hayas alejado tanto
lo que importa que no seas tú, si no alguien que realmente no quiere vivir en
este mundo. Entonces, y sólo entonces te levantaras de tu cómoda cama de
cortante hielo para volver a la realidad.
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