domingo, 16 de febrero de 2014

Decir adios

No solo hay que intentar, la mayoría de las veces eso no es suficiente. Creer en lo que dices y en lo que haces, tampoco. Nunca he sabido decir lo que no puedo explicar, lo que sale más allá de mi mente y de mis caderas. Pocas veces he sabido lo que siento, por no decir ninguna.
Sin embargo, esta vez tenía algo diferente, una barrera diferente que nos juntaba y alejaba al mismo tiempo. Había una incomprensión y una bonita inmadurez que plagaba todo de imaginación humanoide. Vivíamos el presente que ni siquiera debía existir. Él tenía incluso más miedo que yo a explicar lo que iba más allá de su mente y de sus caderas, aquello que escapaba fuera del cosmos de su control. Que sus conclusiones vitales condujesen a un camino tan diferente del mio de una manera tan lógica y disparatada, que sus palabras fuesen tan nuevas, que su arte fuese tan inexplicable, me recordaba que aún me queda mucho por ver. Y eso me daba fuerzas para creer en un futuro, cualquiera. Para no andar como un caballo en Sevilla, para mirar a todos lados y luchar por lo que me apetece. Probablemente eso era lo que me gustaba de él, el infinito de las cosas. La inestabilidad de lo establecido.

Y como la base de todo ello, esto no tenía sentido. Era la locura bohemia de la mujer casada, o cansada, del jóven fustigador de cuerpos, del viejo a punto de morir y realizando su última voluntad. Esto, digamoslo así, esto no era nada. No era nada más allá de nuestros dos imaginarios caminando juntos. Por eso, aquel día, en la puerta de aquel bar, él con un cigarrillo y yo con una copa de vino, hablamos como si todo esto de lo que acabo de hablar no existiese. Nos hablamos de un chico a una chica, de una chica a un chico, en pleno siglo XXI, con Facebook y WhatsApp, como si el mundo bohemio del París de los pintores, nunca hubiese existido.

¿Qué es lo que de verdad importa? Su irracionalidad casi no fue capaz de contestar, pero mi lógica sí. Vuelve con ella, que te quiere siempre, en todos los tiempos verbales. Vuelve con la que te perdona, con la que te incluye en algo más que su imaginación. Al fin y al cabo, debemos vivir en este mundo, asi que busquemos a alguien que nos ayude a aterrizar. Sea como sea. Hubiese sido bonito conocernos en otro espacio y otro tiempo, en otras mentes y otros cuerpos. Quizás un día nos pase algo parecido.
Sí, es verdad, dijo él. Además hace mucho que no escribo, me has robado toda la inspiración.
Una sonrisa en silencio. Un sliencio prolongado. Una mirada de fuego.
Echaré de menos dormir contigo. Y yo, yo también.


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