Por un momento me imaginé esa situación tan novelesca en la que te enamorabas de las palabras de mi libreta olvidada, además de mis ojos azules. Y tengo que reconocerlo, todo lo que repudié al día siguiene, no me pareció tan malo hasta que miré por la ventana de cualquier autobús en cualquier parte de los Balkanes. Hasta que me acordé de las palabras de Victor Hugo cuando dice que viajar es nacer y morir a cada instante, y un rio se va, y una señora barriendo su puerta, también.
De nuevo, pensé en el hecho del amor y descubrí que lo que más me gusta de cualquier persona es que yo lo guste, que me diga y me recuerde cada día lo que yo por mí misma no soy capaz. Qué lamentable forma de adorarse a uno mismo, el narcisismo encubierto. No hay nada más cercano a la mediocridad de mi alma que seguir este, tú, loco, nuestro camino. No hay nada más cercano que pararse en seco bajo la lluvia en un pueblo de Bosnia porque no entiendes nada.
Kotor, Montenegro.
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